12 mayo 2007

A MODO DE PREFACIO

Llegó a la isla con ojos nuevos. Surgió de pronto tras el accionar de un botón. Su nombre recuerda al del limosnero y su apellido encierra el misterio de la primavera, la sabiduría milenaria de oriente.
En su primer día de nacido, Beggar Mayo quedó atónito ante el panorama utópico que se ofrecía a su vista. Como todo neonato, la torpeza de sus movimientos lo delataba. En medio de otros seres que se asemejaban a él, un sentimiento de desamparo lo embargó. Su primer impulso: lloriquear, pero como no salía voz alguna de su garganta, lo único que acertó a hacer fue manotear con desesperación.
Alguien a su lado comenzó a hacer lo mismo y eventualmente fueron surgiendo letras, palabras, frases que sólo yo veía en su mundo virtual. Me tomó como su intérprete y narrador, y por eso ahora escribo las experiencias de Beggar Mayo, el primer avatar que surgiría en mi vida.
¿Quién soy yo? Eso no importa. Confórmate con saber que de aquí en adelante conocerás por conducto mío los entuertos y aventuras de un quijotesco personaje surgido de una segunda vida y dispuesto, como aquel famoso hidalgo, a confrontar mucho más que molinos.